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"En
la búsqueda de estrategias para mejorar la calidad de la
educación"
La
distribución regresiva del ingreso opera generando dos
compartimentos sociales y diferenciando las formas de vida
de una manera mucho más profunda que las existentes en el
viejo modelo. Se dice ahora que los ricos del Tercer Mundo
viven mejor que los ricos de Primer Mundo. Y si antes en
alguna medida esto también era así, probablemente lo que
ocurre ahora es que en países del Tercer Mundo, como el
nuestro (Argentina), el superenriquecimiento de los ricos
implicó un sobreempobrecimiento de los pobres, generando
diferenciales de concentración del ingreso que antes no se
tenía. En el interior del mundo popular, la distribución
regresiva del ingreso ha producido un incremento de los
contingentes absoluto y relativo del número de pobres así
como la intensidad y cronicidad de su pobreza, lo que
implica la ruptura de la homogeneidad del mundo popular,
generando crecientes niveles de desigualdad en su interior:
a la desigualdad del conjunto de la estructura social se
suma, ahora, el incremento de la desigualdad dentro de los
contingentes que pertenecen al universo popular. Hay,
adicionalmente, nuevos elementos que tensionan este
rediseño: entre ellos, los medios de comunicación de masas,
que se constituyen en una vidriera gigante para ver cómo
viven los otros, poniendo así un grado de exposición de
formas de vida que, antes, se remitían a los espacios
privados de los ricos, y los – pese a todo – crecientes
niveles educativos de la población. Se dirá que no son los
auténticamente ricos los que se exhiben en los medios y tal
vez sea cierto, pero ellos muestran a un sector vinculado
con la farándula, con formas degradadas de la política y del
mundo deportivo, cuya exhibición va constituyendo modelos de
aspiración de amplios sectores, es decir, niveles de
aspiraciones crecientes y decrecientes probabilidades de
satisfacerlos, con la implantación subliminal de la
legitimidad de modelos de ascenso social sin reglas.
Si a fines de los años ochenta la pobreza se podía definir
como desplazamiento entre lugares sociales prefijados –
estratos -, hoy la pobreza se caracteriza por la creación de
un contingente de sujetos que, más que estar desplazados de
los lugares, rotan alrededor de nuevos lugares en proceso
permanente de reconversión, que ha desplazado a los sujetos
de los lugares en que estaban y a los que seguramente ya no
retornarán.
Así, si ser pobre estructural o empobrecido era una
característica de cierta estabilidad temporal, lo que
predomina hoy en la pertenencia a cualquier estrato es la
fugacidad. Esa fugacidad de inserción la reconocemos en
todas nuestras interacciones sociales, en la incertidumbre
del trato con aquellos que hoy están bien y mañana estarán
mal o, aún, con aquellos que como ya dijimos con paradójica
sorpresa son pobres aunque trabajen, como consecuencia del
desplome de las remuneraciones de asalariados,
cuentapropistas o profesionales. Otra expresión de la
expropiación del tiempo histórico en la vida de los sujetos.
No queda sino vivir el hoy de la manera en que ese tiempo es
marcado por la peculiar combinación que caracteriza el día a
día.
Nos encontramos ante un escenario en el cual las
expectativas de los sujetos suben por un ascensor y las
probabilidades objetivas de satisfacerlas se anclan en una
duna en la que los pasos que dan no sólo no garantiza subir
sino que apenas permiten consolidarse de manera definitiva
en el nuevo nivel alcanzado.
La educación merece un párrafo aparte: aunque la pobreza
aumenta, mejoran también algunas características referidas a
las condiciones personales de los pobres, entre otras, lo
que se denomina “capital humano” y que antes llamábamos
nivel educativo, que ha ascendido pese a las condiciones
socioeconómicas del país y que opera incrementando su
capital cultural y simbólico, así como ensanchando su
horizonte de demandas y expectativas. Como resultado de ello
se configura un universo de sujetos que son pobres y que
públicamente no lo parecen, más allá de las secuelas físicas
que su pobreza deja en la presentación del yo, como
resultado de la falta permanente de acceso a mejores
condiciones de vida y de salud. Condiciones que, en un
sentido, nos retrotraen a una de las pérdidas intangibles
implicadas en el cambio de modelo, la pérdida del dominio de
la variable tiempo, ya que, en este cambio, las velocidades
se aceleran y los sujetos que ya no lo dominan comienzan a
ser viejos más temprano que antes porque sus proyectos de
vida carecen de tiempos potenciales para su concreción.
Un primer elemento de la crisis de la educación es el que se
expresa mediante la dicotomía entre productos y procesos, en
coherencia con la concepción del ser humano como mercancía
por la que los valores de cambio sustituyen a los valores de
uso.
Cuando en la educación importan únicamente los productos,
estamos hablando de un sistema en el que lo importante son
los tramos finales de las etapas, en el que lo fundamental
son los títulos, las cantidades que se obtienen de las
calificaciones, la eficacia, la productividad, el
sometimiento a las reglas y el academicismo. El
productivismo en educación no se mide por la madurez moral
de los individuos que han pasado por los sistemas educativos
y han recibido sus servicios, sino por la cantidad de
títulos o productos con valor de cambio que ese sistema ha
expedido, en este sentido productivismo y credencialismo son
sinónimos.
Si el fin de nuestros sistemas educativos es producir
acreditaciones, es decir productos intercambiables y
homologables en el mercado de trabajo, este fin no solamente
trae como consecuencia desequilibrios y reajustes
permanentes de subordinación a las demandas que el sistema
económico le plantea, lo cual será siempre una fuente de
problemas sociales si no se arbitran las medidas de
planificación adecuadas, sino lo que es más importante para
nuestros efectos, se produce una identificación entre
escolarización (productos) y educación (procesos), hasta el
punto de ser incapaces de concebir una educación mejor si no
es en términos de mayor complejidad, sofisticación y mayores
recursos materiales.
La escuela y la diversidad aparecen así como ideas
antagónicas o ideas que entran en conflicto, en
“cortocircuito”. Pero también es cierto que la escuela es el
lugar donde se forman las generaciones jóvenes para un ideal
de sociedad y, en este sentido, si la “apuesta” es una
sociedad abierta y respetuosa del pluralismo, entonces la
escuela y la diversidad son perfectamente conciliables.
Otras de las claves a tener en cuenta es el concepto de
poder. Se define como la capacidad de imponer la propia
posición o enfoque, de influir en la toma de decisiones, de
obtener privilegios, reconocimientos, beneficios, recursos.
Pero nos interesa referirnos al poder como inherente a las
relaciones humanas, sin existencia en sí mismo, sino en una
red de intercambio social. Y, en este sentido, analizaremos
la relación poder-saber.
“El conocimiento es poder” escribió Gramsci, pero la
cuestión se complica por otro elemento: no basta con conocer
un conjunto de relaciones existentes en un momento
determinado como si constituyeran un sistema establecido;
uno también necesita conocerlas genéticamente: es decir, la
historia de su formación, porque cada individuo no sólo es
una síntesis de relaciones, sino también la historia de esas
relaciones, lo cual significa el resumen de todo el pasado.
Foucault, pensador contemporáneo, fue quien más profundizó
en la conexión entre poder- saber. Según este autor, el
sujeto histórico llega al conocimiento en la interacción con
los poderes sociales vigentes, Así dice: “Los mecanismos de
poder nunca han sido muy estudiados por la historia. Han
sido estudiadas las personas que detentaban el poder. Se
trataba de la historia anecdótica de los reyes, de los
generales. A ésta se le ha opuesto la historia de los
procesos, de las infraestructuras económicas y a su vez se
ha opuesto una historia de las instituciones, es decir,
aquello que se consideraba como superestructura en relación
con la economía.” El poder en sus estrategias, a la vez
generales y afinadas, en sus mecanismos, nunca ha sido
estudiado. Una cosa que ha sido aún menos estudiada, es el
conjunto de relaciones entre el poder y el saber, las
incidencias del uno sobre el otro. No basta con decir que
el poder tiene necesidad de éste o aquel descubrimiento, de
ésta o aquella forma de saber, sino que ejercer el poder
crea objetos de saber, los hace emerger, acumula
informaciones, las utiliza. Existe una clara relación entre
escuela y poder donde los puntos centrales son:
Ø
Si “saber y poder” se incluyen mutuamente, la escuela tiene
un lugar de fundamental importancia.
Ø
La escuela, según su función básica y tradicional, es la
encargada de insertar a las jóvenes generaciones en la
cultura dominante.
Ø
En esta inserción de los jóvenes en la cultura oficial
operan micro mecanismos que funciones como “filtros
selectivos”. Así comienza a gestarse el valor de recambio
económico de los sujetos en el futuro mercado social y
laboral.
Se puede destacar que el campo de la educación escolar está
atravesado simultáneamente por fuerzas reproductoras y
transformadoras, por fuerzas centrípetas y fuerzas
centrífugas; que, según los momentos históricos, se
impusieron unas sobre otras. Así recordamos que en la década
de 1960 se concibió la educación como un factor de
mejoramiento de la calidad de vida en general, por su fuerza
transformadora y las posibilidades de ascenso social que
brindaba, para pasar luego, en la década de 1970, a
considerar la educación como conservadora del statu quo.
Actualmente ya nadie duda que en la educación coexisten
ambos componentes: transformación y conservación. Por eso,
la educación en y para la diversidad se propone potenciar el
aspecto transformador, en el sentido de hacer efectiva la
igualdad de oportunidades. Esto no significa dar a todos lo
mismo, sino a cada uno lo que necesita. Por lo tanto, el
enfoque de una educación en y para la diversidad se
enmarca en la concepción de igualdad y de equidad. Esta
concepción sostiene que no todos los alumnos llegan a la
escuela en las mismas condiciones.
Las diferencias y las jerarquías sociales existen y se
manifiestan a la hora del acceso al trabajo, la vivienda, la
salud y la justicia. Se observa que la escuela las recorre y
las legitima en los mismos términos. Estas diferencias
también son interpretadas jerárquicamente desde la lógica
escolar. De este modo, el fracaso escolar es explicado tanto
como déficit socio-cultural como por insuficiencias de
índole “personal” en determinadas capacidades. Para atender
esas diferencias se generan dispositivos de pedagogía
compensatoria – muchos de ellos en el ámbito de la educación
especial-, que ya desde su nombre ponen de manifiesto la
minusvalía que pretenden tratar. Estos programas con el buen
propósito de “atender mejor”, parten del déficit (de lo que
falta), habitualmente, con un enfoque segregacionista. Otro
del funcionamiento escolar “compensador” es la primacía del
modelo asistencialista, que desplaza la atención de lo
pedagógico para centrarse exclusivamente en el problema
social de los alumnos.
En cambio
si se concibe la educación con sus posibilidades
transformadoras, el hecho de que los alumnos no lleguen a
la escuela en las mismas condiciones, es interpretado como
diversidad y no como desigualdad. Esto supone sin lugar a
dudas, emplear otra lógica, seguir otra línea de
pensamiento que llevaría a operar de otra manera.
Las escuelas de nuestro país no aprovechan todo el potencial
de inteligencia de los alumnos provocando dilación en los
tiempos de aprender las cuestiones más básicas y
elementales. Además de los contenidos limitados y a veces
desactualizados, la dificultad más marcada aparece
relacionada con la realidad de que a los niños no se les
enseña a pensar en forma más o menos orgánica y sistemática;
esto es, como forma regular de proceder en sus aprendizajes
y en la vida diaria.
Creemos que es hora de desarticular los supuestos implícitos
en la actual concepción de educación, así como sus
mecanismos de selección, clasificación y expulsión,
instrumentados a través de las prácticas de evaluación
escolar.
Valdría aclarar que esta propuesta no coincide con posturas
teóricas de moda ni tampoco con adhesiones u oposiciones a
las políticas educativas de turno. Nuestra preocupación y
ocupación se debe a que la escolaridad obligatoria es la
gestora de las matrices sobre las que se asentará el
desarrollo social y escolar de los futuros ciudadanos.
Otro efecto del carácter clasificatorio del sistema
educativo es su segmentación que lleva a “dar educación de
pobres para los pobres y educación de ricos para los ricos”,
creando espacios diferenciados. Por ejemplo, suele ocurrir
que las escuelas que atienden a los sectores más carenciados
son las que cuentan con docentes de menor experiencia y, a
veces, hasta con los menos acreditados por la propia
dinámica de reclutamiento de los maestros y los profesores
del sistema educativo.
Si la misión de la educación es el desarrollo global de la
persona, no puede concebirse dentro del período de la
escolaridad obligatoria, porque constituye una experiencia
desvalorizadora, devastadora, perversa para aquellos alumnos
que la sufren. La escuela obligatoria debe proporcionar a
todos las oportunidades para formar su personalidad y
abordar el conocimiento curricular.
A pesar de que en los más recientes decenios circulan
discursos favorables a la democratización y la dulcificación
de todas las formas de selección escolar, la contribución
del sistema de enseñanza a la reproducción de las
desigualdades sociales no ha disminuido notablemente: la
selección solo tiende a desplazarse hacia el fin del ciclo
obligatorio. Las desigualdades se recrean en el interior de
cada generación en las que el nivel formal de instrucción se
eleva y cuyo período medio de escolarización aumenta.
Hasta ahora se ha supuesto que la cognición humana era
unitaria y que era posible describir en forma adecuada a las
personas como poseedoras de una única y cuantificable
inteligencia. Pero en realidad tenemos por lo menos ocho
inteligencias diferentes. Cuantificadas por parámetros cuyo
cumplimiento les da tal definición.
La mayoría de los individuos tienen la totalidad de este
espectro de inteligencias. Cada una desarrollada de modo y a
un nivel particular, producto de la dotación biológica de
cada uno, de su interacción con el entorno y de la cultura
imperante en su momento histórico. Se combinan y se usan en
diferentes grados, de manera personal y única.
Se podría definir a la inteligencia como la capacidad para
resolver problemas cotidianos, para generar nuevos
problemas, para crear productos o para ofrecer servicios
dentro del propio ámbito cultural
Para Gardner existen diferentes tipos de inteligencias:
INTELIGENCIA MUSICAL: es la capacidad de percibir,
discriminar, transformar y expresar las formas musicales.
Incluye la sensibilidad al ritmo, al tono y al timbre.
Está presente en compositores, directores de orquesta,
críticos musicales, músicos, luthiers y oyentes sensibles,
entre otros.
Los niños que la evidencian se sienten atraídos por los
sonidos de la naturaleza y por todo tipo de melodías.
Disfrutan siguiendo el compás con el pie, golpeando o
sacudiendo algún objeto rítmicamente.
INTELIGENCIA CORPORAL – CINESTÉSICA: es la capacidad para
usar todo el cuerpo en la expresión de ideas y sentimientos,
y la facilidad en el uso de las manos para transformar
elementos. Incluye habilidades de coordinación, destreza,
equilibrio, flexibilidad, fuerza y velocidad, como así
también la capacidad cinestésica y la percepción de medidas
y volúmenes.
Se manifiesta en atletas, bailarines, cirujanos y artesanos,
entre otros.
Se aprecia en los niños que se destacan en actividades
deportivas, danza, expresión corporal y/o en trabajos de
construcciones utilizando diversos materiales concretos.
También en aquellos que son hábiles en la ejecución de
instrumentos.
INTELIGENCIA LINGÜÍSTICA: es la capacidad de usar las
palabras de manera efectiva, en forma oral o escrita.
Incluye la habilidad en el uso de la sintaxis, la fonética,
la semántica y los usos programáticos del lenguaje (la
retórica, la mnemónica, la explicación y el metalenguaje).
Alto nivel de esta inteligencia se ve en escritores, poetas,
periodistas y oradores, entre otros.
Está en los niños a los que les encanta redactar historias,
leer, jugar con rimas, trabalengüas y en los que aprenden
con facilidad otros idiomas.
INTELIGENCIA LÓGICO-MATEMÁTICA: es la capacidad para usar
los números de manera efectiva y de razonar adecuadamente.
Incluye la sensibilidad a los esquemas y relaciones lógicas,
las afirmaciones y las proposiciones, las funciones y otras
abstracciones relacionadas.
Alto nivel de esta inteligencia se ve en científicos,
matemáticos, contadores, ingenieros y analistas de sistemas,
entre otros.
Los niños que la han desarrollado analizan con facilidad
planteos y problemas. Se acercan a los cálculos numéricos,
estadísticos y presupuestos con entusiasmo.
INTELIGENCIA ESPACIAL: es la capacidad de pensar en tres
dimensiones. Permite percibir imágenes externas e internas,
recrearlas, transformarlas o modificarlas, recorrer el
espacio o hacer que los objetos lo recorran y producir o
decodificar información gráfica.
Está presente en pilotos, marinos, escultores, pintores y
arquitectos, entre otros.
Está en los niños que estudian mejor con gráficos, esquemas,
cuadros. Les gusta hacer mapas conceptuales y mentales.
Entienden muy bien planos y croquis.
INTELIGENCIA INTERPERSONAL: es la capacidad de entender a
los demás e interactuar eficazmente con ellos. Incluye la
sensibilidad a expresiones faciales, la voz, los gestos y
posturas y la habilidad para responder.
Presente en actores, políticos, buenos vendedores y docentes
exitosos, entre otros.
La tienen los niños que disfrutan trabajando en grupo, que
son convincentes en sus negociaciones con pares y mayores,
que entienden al compañero.
INTELIGENCIA INTRAPERSONAL: es la capacidad de construir una
percepción precisa respecto de sí mismo y de organizar y
dirigir su propia vida. Incluye la autodisciplina, la
autocomprensión y la autoestima.
Se encuentra muy desarrollada en teólogos, filósofos y
psicólogos, entre otros.
La evidencian los niños que son reflexivos, de razonamiento
acertado y suelen ser consejeros de sus pares.
INTELIGENCIA NATURALISTA: es la capacidad de distinguir,
clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos,
animales o plantas. Tanto del ambiente urbano como suburbano
o rural. Incluye las habilidades de observación,
experimentación, reflexión y cuestionamiento de nuestro
entorno.
La poseen en alto nivel la gente de campo, botánicos,
cazadores, ecologistas y paisajistas, entre otros.
Se da en los niños que aman los animales, las plantas; que
reconocen y les gusta investigar características del mundo
natural y del hecho por el hombre.
Sin embargo cuando se analizan los programas de enseñanza
que se imparten, que se obliga a los alumnos a seguir, se
observa que se limitan a concentrarse en el predominio de
las inteligencias lingüística y matemática dando mínima
importancia a las otras posibilidades del conocimiento. Aquí
el por qué muchos alumnos que no se destacan en el dominio
de las inteligencias académicas tradicionales, no tienen el
reconocimiento y se diluye así su aporte al ámbito cultural
y social. Y hasta se piensa de ellos que han fracasado,
cuando en realidad se están suprimiendo sus talentos.
A menudo se escucha decir “hay materias que son filtro”. En
general se refiere a matemática y lengua. De esta manera se
privilegia una visión cultural. Hoy es la técnica. Así como
ayer en época de Mozart, en una Europa en que florecían las
artes en general, mecenas adinerados sostenían a los
artistas reforzando la Jerarquización y desarrollo de las
que hoy conocemos y denominamos Inteligencia Musical e
Inteligencia Espacial. De esta manera la cultura imperante
ha favorecido y valorizado a algunas inteligencias en
detrimento de otras. Crecen así intelectos de parcial
desarrollo que de otra manera podrían ser mucho más
completos.
El éxito o el fracaso en los aprendizajes de los alumnos
dependen del entrecruzamiento de múltiples factores tales
como el contexto socio-político y ambiental, las
características individuales, las condiciones curriculares,
didácticas y organizativo-institucional.
Merece destacarse que existe una falacia arraigada en el
ámbito educativo: creer que porque se ha declarado la
obligatoriedad escolar todos los alumnos tienen
automáticamente la misma oportunidad de educarse, es decir,
igualdad de posibilidades: no todos los chicos llegan a la
escuela en las mismas condiciones ni todos reciben lo mismo
de ellas.
La cultura escolar presupone el grupo homogéneo y, al
aflorar la diversidad de los alumnos, la interpreta como
deficiencia y la convierte en patología. Sabemos que así
como para algunos niños la escuela es una prolongación
natural del hogar, pues realizan tareas y se encuentran con
materiales que ya conocen, para otros resulta un corte
abrupto, ya que la escuela poco tiene que ver con sus
hogares, sea por las normas de comportamiento o por las
experiencia lingüísticas que allí se emplean, etc.
Es evidente que tanto el hogar como la escuela son, por el
momento en que intervienen y su capacidad de interactuar,
los responsables de la educación de los niños. Los medios
son poderosos surgentes, manipuladores gigantes con uso
abusivo de la subjetividad, pero es el feed-back del
padre/madre y del maestro lo que más incidencia tiene en el
desarrollo del intelecto.
Los niños viven pendientes del reconocimiento de los
adultos. La expresión valorativa de las figuras parentales
es dramáticamente poderosa en la mente en formación del
infante.
Existen dos tipos de experiencias extremas que es importante
tener en cuenta.
Las experiencias cristalizantes y las paralizantes. Las
primeras, son hitos en la historia personal, claves para el
desarrollo del talento y de las habilidades en las personas.
Como contrapartida existen las experiencias paralizantes.
Son aquellas que bloquean el desarrollo de una inteligencia.
Se puede poner como, ejemplo un maestro que descalificó un
trabajo, humillando con su comentario frente al aula la
incipiente creación artística de un alumno. O la violenta
evaluación de un padre cuando gritó “dejá de hacer ese
ruido” en el momento en que la fantasía del niño lo hacía
integrar una banda importante en concierto y golpeaba con
dos palillos sobre la mesa.
Este tipo de experiencias están llenas de emociones
negativas, capaces de frenar el normal desarrollo de las
inteligencias. Sensaciones de miedo, vergüenza, culpa, odio,
impedirán crecer intelectualmente. Es probable así, que
luego el niño decida no acercarse más a un instrumento
musical o no dibujar más porque ya ha incorporado que “no
sabe hacerlo”.
La responsabilidad de las figuras parentales es enorme. Hay
que tomar conciencia de ello y actuar en beneficio del niño.
Los padres en casa, con estímulo, comprensión y aliento; y
los docentes cambiando el enfoque del proceso de enseñanza y
de aprendizaje, desarrollando estrategias didácticas que
considere las diferentes posibilidades de adquisición del
conocimiento que tiene el individuo. Si el niño no comprende
a través de la manera que se ha elegido para informarlo, se
deberá considerar que existen otros caminos más para
intentarlo.
Desde el rol docente habrá que desarrollar un nuevo concepto
y sistema de evaluación. No se puede seguir evaluando a la
persona multiinteligente a través de una única inteligencia.
El ser humano es mucho más completo y complejo.
Por último habrá que modificar el currículum dentro de las
instituciones escolares.
Transformar una escuela tradicional en una de Inteligencias
Múltiples requiere de un trabajo en equipo, sin perder de
vista que el acto de conocimiento implica un movimiento
dialéctico que pasa de la acción a la reflexión y de la
reflexión de la acción a una nueva acción. Los principales
responsables serán aquellos que decidan intervenir en este
proceso. Los docentes, desde sus diferentes roles
(directivos, profesores, maestros), alumnos y padres. Por lo
que es importante e imprescindible que todos sean
voluntarios en este cambio. Se tendrá que tener presente que
no existe un modelo a copiar, hay que crear uno nuevo. Cada
escuela de Inteligencias Múltiples deberá ser el fruto de la
capacidad y creatividad del equipo. Con lo cual ya se estará
practicando un método enriquecedor de trabajo. Trabajar en
grupo genera un fenómeno del efecto sinérgico, el cual hace
que “el todo sea mayor que la suma de las partes”.
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